23 de septiembre de 2020

Inauguración Curso Cocina Básica de Cáritas Valencina de la Concepción

El pasado martes día 15, se llevó a  cabo la inauguración del curso de cocina básica organizado por Cáritas parroquial Nuestra Señora de la Estrella, de Valencina de la Concepción, para el Arciprestazgo de Castilleja, aunque asistieron alumnos de otros Arciprestazgo como de Itálica y Sevilla, con la asistencia de 15 alumnos.

Inauguró el curso el Presidente de Cáritas de Valencina y Párroco D. Félix María Casanova Lobo, abriendo el acto con un rezo, dando gracias por la posibilidad de realizar el curso y también la bienvenida a todos los alumnos y animándolos para que aprovechen esta opción que se les presenta.


A continuación da a conocer que después de este curso básico y todos los que terminen el mismo, tienen la posibilidad de realizar los cursos medios y superiores de Cocina, haciendo un total de 6 meses de duración entre los tres cursos. Aquellos que finalicen los tres cursos optaran al Curso Oficial de FPE, para la obtención del Certificado de Profesionalidad, para ello Cáritas del Arciprestazgo de Castilleja, extenderá certificado a la Empresa impartidora del curso, para convalidar los estudios que exigen para realizar los estudios de FPE.




A continuación el Párroco le cede la palabra al director de Cáritas de Valencina, Nuestra Señora de la Estrella, D. Francisco Benítez Pabón.

Con dichas intervenciones el curso quedó inaugurado.








3 de mayo de 2020

Homilía del Domingo 3 de abril #YoRezoEnCasa


Antonio Machado en su poema La Saeta distinguía entre el Jesús del madero y el que anduvo en la mar, es decir, rechazaba al Cristo real pues prescindía de una parte esencial de Jesús. Al igual que entonces, muchos han intentado reducir a Cristo a una u otra dimensión, eligiendo sólo aquellos aspectos del Señor que más se adecuaba a ellos. Y a Cristo, o se le acepta por completo, o no es Cristo.
Análogamente, muchos han intentado acercarse a la Iglesia despreciando alguno de sus aspectos o reduciéndola a sólo una faceta. 
Son muchos los que quieren ver solo lo social, otros, sólo lo doctrinal; unos rechazan su dimensión comunitaria, otros rechazan la responsabilidad personal; unos sólo su religiosidad popular, otros sólo los nuevos movimientos. 
Y así, vamos intentando entrar en la Iglesia por recovecos y atajos, y no por la puerta, que es Cristo, el del Madero que anduvo en la mar, a la vez Redentor y Mesías, Altar y Victima, Pastor y Cordero, Dios y Hombre.
Y todo aquel que busca una puerta distinta, no es pastor, sino ladrón, porque está robando a la Iglesia, la está despojando de una cualidad que la hace ser la Iglesia verdadera de Cristo. Y algunos vendrán desde fuera y otros habrán sabido colarse en el redil; y todos esos usurpadores intentarán guiarnos hacia unas praderas resecas donde nuestras fuerzas nunca serán reparadas, conducirnos hacia los pozos de la discordia y la división; serán los que en cañadas oscuras quedarán rezagados, los que usan la vara y el cayado para someter y dominar, los que solo se acercan al rebaño para sacar su provecho, a los que sólo les importan las ovejas en la medida en la que puedan sacar un beneficio o conseguir notoriedad, los que cuando el rebaño deja de ser rentable lo abandonan a su suerte.
Pero la Iglesia, el rebaño de Cristo, sabe bien quien es su Pastor, porque sólo quien entra por Cristo y acepta a Cristo tal cual es podrá reconocer cual es la voz de su Pastor sin dejarse llevar por los silbos de aquellos que intentan robar la parte de la Iglesia que les incomoda.
Nosotros seguimos a Cristo pues por Cristo hemos entrado en la Iglesia, aquel que siendo Pastor se hizo Cordero, el que nos guía y acompaña a verdes praderas donde recostarnos, el que nos conduce hacia fuentes tranquilas, el que en las oscuridades se hace nuestra luz y camina con nosotros, delante nuestra para guiarnos, el que sólo usa la vara y el cayado de la Misericordia y el Amor absoluto, el que nos ungió con el Espíritu Santo, el que nos prepara una Mesa en la que Él mismo es el Banquete y nos da la Copa que rebosa, que se derrama por nosotros y por muchos para el perdón de los pecados.

26 de abril de 2020

Homilía del domingo 26 de abril #YoRezoEnCasa


En el Evangelio de hoy se nos narra la experiencia de encuentro con Jesús Resucitado de dos discípulos; estos han sabido por el testimonio de otros cristianos que Jesús ha resucitado, lo sabían porque lo había anunciado la Escritura, lo sabían porque el mismo Jesús se lo dijo, y aún así, no terminaban de asumirlo, no llegaban a abarcar la verdadera naturaleza de la experiencia trascendental que estaban viviendo, quizás por valorar sólo la humanidad de Jesús, o por una excesiva racionalización, lo cierto es que ni siquiera cuando Jesús mismo les sale a su encuentro son capaces de reconocerlo. Necesitan una experiencia radical para descubrir la verdadera esencia de Cristo, su naturaleza divina entregada por nosotros, descubrir en Jesús al Cordero Inmolado. Y esa experiencia llega en la fracción del Pan.
Hoy nosotros compartimos este mismo camino de aquellos discípulos. En nuestro particular Camino de Emaús, el Señor nos sale al encuentro para explicarnos las Escrituras y partir con nosotros el pan. Hoy vivimos, un domingo más, nuestro encuentro con Jesús Resucitado, pero la mayoría de los Cristianos os veis obligados a vivirlo en la distancia, debido a esta crisis sanitaria que nos obliga a estas normas extraordinarias; os veis privados de poder reuniros con los demás cristianos en la Misa, de celebrar la Eucaristía en la parroquia, casa de todos, de acercaros a recibir la Sagrada Comunión que, algunos, iban a recibirla por primera vez y han visto alejarse el ansiado día del encuentro con Jesús Sacramentado.
Esta Pandemia nos ha quitado muchas cosas significativas, pero también nos ha ayudado a poner en valor lo verdaderamente importante. Esta experiencia de renuncia a los sacramentos nos hace ver, casi descubrir, la importancia de la Eucaristía en mi vida. Nos hace poner en valor el privilegio de Comulgar. Ahora nos damos cuenta que, quizá por lo fácil que lo teníamos, no dábamos a la Misa el valor que la Misa tiene; cuantas veces nos hemos amparado en mil excusas para no celebrar el precepto dominical, y ahora daríamos lo que no tenemos por poder estar en misa y poder comulgar. Como los discípulos de Emaús nos hemos dado cuenta del valor trascendental de la Comunión, de cómo nos falta y necesitamos lo que antes, quizás trivializábamos; hemos experimentado esta ausencia y por eso sabemos ahora lo que nos aportaba, que los cristianos vivimos de la Eucaristía, que necesitamos la Fracción del Pan para podes seguir reconociendo a Cristo que camina a nuestro lado.
Quiera Dios que pronto podamos volver a reunirnos todos para Celebrar nuestra Salvación por la Entrega de Cristo, que podamos recibir al Señor, vivo y presente en el Santísimo Sacramento del Altar, el Pan del que nos alimentamos para la vida, la presente y la eterna, sustento de la existencia cristiana.

19 de abril de 2020

Reflexión de Domingo 19 de abril Domingo de la Divina Misericordia


Hoy, segundo domingo de Pascua, es el domingo de la Divina Misericordia.
Hoy es el día en el que reconocemos todo lo que Dios hizo y hace por nosotros, el día en que celebramos el inmenso amor que Dios nos tiene y como ese Amor se plasma en hechos concretos a los que sabemos darle nombre. Hoy es el día en el que, mirando con ojos de fe la realidad que nos circunda vemos la mano de Dios providente que nunca se olvida de su Pueblo.
Incluso en momentos de dificultad, como nos dice S Pedro en su primera carta, os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un poco en pruebas diversas; así la autenticidad de vuestra fe, más preciosa que el oro, que, aunque es perecedero, se aquilata a fuego. Porque en los momentos duros es cuando descubrir el Amor de Dios es más necesario y requiere de más fe. Qué fácil creer en tiempos de bonanza y qué fuerte se hace la Fe cuando arrecia la tempestad. Es la Fe que recibimos de nuestros mayores la que alienta y sostiene nuestra vida, es la Fe transmitida por los que nos precedieron la que nos hace vivir este domingo desde la Esperanza y la Alegría de la Pascua.
¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto, le dice el Señor a Tomás en el Evangelio, sin haberlo visto lo amáis y, sin contemplarlo todavía, creéis en él | y así os alegráis con un gozo inefable y radiante, nos repetirá Pedro en su carta.
Y nuestra Fe, como la de los Apóstoles, tendrá momentos bajos y nos apoyaremos en Cristo para superarlos, y, como Pedro, quizás lo neguemos en unas ocasiones, y mil veces le declaremos nuestro amor en otras, pero siempre sabremos que esa Fe que nos trasmitieron no nos la guardamos para nosotros, porque nosotros tenemos la Buena Noticia que el mundo necesita, porque como nos la transmitieron así la transmitimos nosotros.
 Ahora nos toca a nosotros ser capaces de anunciar el Evangelio Vivo del Señor, la Buena Nueva que nuestro prójimo necesita en estos días de pesimismo, ser la luz que brilla como un faro sobre la torre de la Iglesia, la luz que en la Parroquia se comparte y se hace fuerte, que disipe las oscuridades de este mundo desesperanzado y, como el evangelista, dar razones de nuestra Fe, Motivos para la Esperanza y cauces del Amor de Dios, y proclamar el Evangelio a los que sufren para que el mundo crea que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tenga vida en su nombre.

16 de abril de 2020

Reflexión del jueves 16 de abril #Pascua #YoRezoEnCasa


¿Por qué surgen dudas en vuestro interior?
Tras la experiencia de la Pasión los Apóstoles necesitan un signo, una esperanza a la que agarrarse tras el aparente fracaso del Maestro. Pensaban que Jesús era el Mesías que les iba a librar del poder romano para imponer su poder en un resurgimiento del reinado, y lo vieron sucumbir frente a ese poder usurpador; pensaban que vendría a purificar el culto en el Templo, y los profanadores del templo consiguieron matar a Jesús; apenas unos días antes les habría prometido que estaría con ellos hasta el fin, y en unas horas supieron que estaba muerto y enterrado.
Ni siquiera el saber que el sepulcro estaba vacío, ni siquiera la experiencia de las mujeres que habían visto al Resucitado ni la de los discípulos que se lo encontraron en el camino de Emaús eran suficientes. Tenían que tener su propia experiencia de encuentro con el Señor, Vivo y Glorioso, para poder convencerse, para poder creer que Jesús, aquel con el que habían convivido era el Mesías, el Ungido, el Cristo, que los iba a librar de los mayores enemigos de la humanidad, el pecado y la muerte, que trae con Él un Reino que no se impone, sino que seduce y convence; necesitaban un encuentro en primera persona para descubrir que el nuevo Templo era el mismo Jesús, que con Él todo se hace nuevo, que, partir de ahora el Culto iba a ser por Cristo, con Cristo y en Cristo. Necesitaron descubrir al Señor en el primer día de la semana para comprender que esa promesa de permanencia no era una promesa vacía, no solo una sensación de estar cerca de Él, sino que en la fracción del pan iba a hacerse real, verdaderamente presente en cada comunidad cristiana para siempre.
Hoy nosotros necesitamos esa experiencia de encuentro personal con Jesús, el Verbo Encarnado en el vientre de una mujer, el que se entregó por nosotros en la Cruz para saldar la deuda del hombre, el Resucitado que rompe las cadenas, el Pan Vivo bajado del Cielo. Necesitamos experiencias fuertes de Dios para poder ser apóstoles en nuestro mundo, para que la Luz de Pascua alumbre cada rincón de nuestra sociedad abatida, para ser y anunciar la Buena noticia que el mundo anhela.

13 de abril de 2020

Reflexión de Lunes 13 de abril. Lunes de Pascua




Feliz Pascua a todos, queridos feligreses.

Cuando Jesús Resucitado sale al encuentro de las mujeres en el domingo de Pascua les dice: Id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea. Allí me verán.

Hoy la Palabra se dirige a nosotros y nos repite: decidle al mundo entero, mis cristianos de Valencina de la Concepción, anunciadles que Cristo ha Resucitado y si quieren encontrarse con Él, si quieren verlo, decidles que vayan a su particular Galilea, que lo busquen en lo cotidiano de la vida, que lo descubran vivo y presente a su alrededor.

Y lo verán en el esfuerzo denodado de los sanitarios que arriesgan su seguridad por salvar la vida de alguien a quien quizás nunca conocieron, lo verán en todos los que han seguido exponiéndose a los contagios para poder realizar los servicios indispensables para nuestra subsistencia, lo verán en las fuerzas de seguridad que, por encima de su obligación, hacen todo lo posible por hacernos estos días más fáciles, lo veréis en el ejemplo de los niños encerrados, en la soledad del anciano que teme más contagiar a sus familiares que en su propia salud, lo descubriréis en los rostros de aquellos que aportan lo que saben y lo que tienen para la felicidad de los demás, en las religiosas que han cambiado la fabricación de dulces por el taller de mascarillas, en los estudiantes que se han convertido en fabricantes de pantallas, en la generosidad del casero que perdona el alquiler al inquilino en paro, en los voluntarios que siguen manteniendo estructuras como nuestra cáritas indispensables para poder seguir luchando por la dignidad de muchos últimos, en las palabras de ánimo y las oraciones vertidas en redes sociales, en el que pone lo que sabe al servicio del prójimo, en el confinamiento de una sociedad que ha optado por el encierro pensando en el bien común.

Buscadlo y lo encontrareis en el sacerdote que renuncia a un respirador para que pueda salvarse un padre de familia, en el matrimonio anciano que piden poder morir cogidos de la mano, en las lágrimas de dolor de una enfermera, en el llanto desconsolado de un médico, en el militar insultado y contagiado por defender a la sociedad, ene tantos y tantos ejemplos de entrega total que esta pandemia nos ha dejado.

Buscadlo y descubriréis el rostro del resucitado en el de tantas personas anónimas que en todo momento entregan su vida por el prójimo.

12 de abril de 2020

Homilía de Domingo de Resurrección 2020


Domingo de Resurrección, día grande en todo el Orbe Cristiano, día grande en Valencina.
Hoy es el día en el que la Fe recorre Valencina para decirnos a todos: despertad de la noche que ha llegado la Aurora.
Hoy es el día en el que el Señor ha Resucitado y sale en su presencia Real y Sustancial para bendecir a nuestro pueblo. Hoy sale Jesús Sacramentado a la plaza para decirle a Valencina que la Cruz siempre termina en Resurrección, que su Muerte destruyó la nuestra, que su sacrificio venció al pecado, porque Él es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. 
Hoy es el día en el que la Estrella recorre las calles de Valencina de la Concepción para anunciar que el que llevó en su vientre ha resucitado y todos los cristianos de Valencina la acompañamos, porque junto a María es palpable la alegría de la Pascua.
Y habrá quien diga que el cura se ha vuelto loco, que este año no ha salido la Custodia ni ha salido la Estrella, que este año la Fe no pasea por Valencina.
¿Que este año no recorre la Fe nuestro Pueblo? ¿que el Resucitado no nos bendice? ¿quién ha dicho que la Estrella no sale a nuestras calles? ¡si no sabe hacer otra cosa que estar siempre velando y protegiendo al pueblo del que es su patrona!
Y este año también, aunque no lo veamos con los ojos, lo sabemos por la Fe. Hoy nosotros tendremos que llevar como cada año a nuestra Patrona a cada rincón de Valencina. Porque nuestras gentes necesitan esa Estrella que nos ayuda a encontrar al norte, que traiga consuelo y esperanza, gozo y alegría. Abrid de par en par las puertas de vuestro corazón, que va a pasar la Virgen, recibidla en vuestra casa, que ella nos ha ayudado a arreglarla para que sea un sitio digno de Dios, poneos vuestras mejores galas, sacad de lo hondo lo mejor de vosotros mismos, porque es la Pascua del Señor, es domingo de resurrección y la Estrella, rodeada de toda su parroquia, ha salido a traer luz a este mundo y recordarles a todos, a los que la aman y a los que no, a los que le abren la puerta y a los que no, a proclamar al mundo entero que las tinieblas ha desaparecido, que la noche ha pasado, porque ya ha llegado esa Aurora anhelada, que el Sol ha salido y nos trae la Vida con su Resurrección.

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