31 de marzo de 2020

Reflexión martes 31 de marzo #Cuaresma #YoRezoEnCasa





Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy”, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado.

¡Qúe poco se imaginaban los contemporáneos de Jesús al escuchar estas palabras su verdadero sentido. Porque para los hombres, ser levantado en lo alto es sinónimo de quedar por encima de los demás de ser encumbrado. Posiblemente pensaban en un poder autocrático, o el triunfo que llega por la imposición, o el reconocimiento por sus propios triunfos, venciendo, humillando, aplastando al adversario. Seguramente, cuando los apóstoles vivieron la apoteósica entrada triunfal en Jerusalén, aclamado por las multitudes, creyeron que ese momento se acercaba; y sin saberlo, no les faltaba razón. Pero no porque se acercara el momento del encumbramiento, de la popularidad, del poder, del éxito, pues lo que se acercaba era la Cruz.

"En la Cruz el Señor derrota, humilla y aplasta a los verdaderos adversarios del hombre: la muerte y el pecado."

Aparentemente allí acababa todo, sin embargo en la Cruz culmina el proyecto salvador por el cual y para el cual tomo carne el Hijo de Dios. Allí parecía que llegaba el fracaso de Dios, sin embargo en la Cruz se realiza la Salvación, el gran plan de Dios para con la humanidad. Allí parecía que el hombre era vencido, humillado, aplastado, pero en la Cruz el Señor derrota, humilla y aplasta a los verdaderos adversarios del hombre: la muerte y el pecado.

Esta Cuaresma hemos tenido que hacer muchas renuncias; privadas, unas, compartidas, otras. Muchos echaremos de menos algunos momentos que en estos días finales nos ayudaban a entrever la inminencia de la única semana que puede llamarse Santa. Y ente ellos hay uno que, al menos este que os habla, echaremos especialmente en falta, el traslado del Cristo al paso. Este año tendremos que vivirlo de otra manera, podremos volver a repetir ese momento, pero dentro de nosotros mismos, haciendo que ocupe el lugar más alto de nuestras vidas, encumbrándolo en lo recóndito de nuestro corazón, dejando que reine sobre nosotros. Por eso os propongo que lo evoquemos para hacer de ella una experiencia de Fe.

Mañana sería el día en que veríamos de manera gráfica en nuestra parroquia la exaltación de Cristo en lo alto, cuando en el traslado de la imagen del Santísimo Cristo de la Veracruz al paso, al llegar a la altura de la puerta, donde todos pueden verlo, los que están dentro de la Iglesia, los que rondan su puerta y los que permanecen fuera, cuando Él es el centro de todas las miradas, cuando deja de estar a la altura de los hombres para ser levantado en alto. Y cuando está allá arriba, cuando todas las miradas convergen en su Bendita Imagen, en ese preciso momento todos a una voz profesamos el Credo de nuestra FE, haciendo nuestras las palabras de aquel centurión, que viendo al hombre muriendo en la Cruz exclamó: Verdaderamente, este hombre es el Hijo de Dios.

30 de marzo de 2020

Reflexión lunes 30 de marzo #Cuaresma #YoRezoEnCasa





Las lecturas de hoy ponen en paralelo la justicia del hombre frente a la justicia de Dios.
Cuando el hombre habla de justicia, lo hace desde la parcialidad del que juzga, basándose en indicios, testimonios, pruebas. E intentando llegar a una conclusión lo más acertada posible con lo que el juez tiene a su alcance. ¡Y es tan fácil llegar al error! ¡tantas veces las apariencias han inducido a sentencias equivocadas!

Y en los juicios particulares que hacemos en nuestro fuero interno, perdemos la objetividad, nos guiamos por los juicios públicos, por la fama, por lo que sabemos por las apariencias o por los rumores, por deseo de venganza. Incluso muchas veces juzgando con dureza actitudes que nosotros mismos compartimos. Estigmatizando al prójimo por lo que una vez hicieron (es un ladrón, es un adúltero, es un mentiroso) o incluso por su pertenencia a una raza, un país, una ciudad, un barrio, una familia... Y Dios vuelve a decirnos: el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

"La justicia de Dios es la de dar a cada uno lo que necesita, no lo que merece."

¿Qué pasaría si Dios usará la misma dureza, el mismo rigor cuando nos juzgue a nosotros? ¿quién podría salir absuelto de toda culpa? ¿cómo vivir toda la vida sabiéndonos condenados por Dios?

Pero la justicia de Dios es la de dar a cada uno lo que necesita, no lo que merece; es la que, antes de juzgar, se pone en el lugar del otro, basándose en lo que somos, no sólo en lo que hacemos, porque para Dios no nos define nuestro pecado, sino que constantemente se fía de nosotros y nos da la oportunidad de empezar desde cero. La justicia que nace de su corazón de Padre amoroso, deseoso de reconciliarse con el hijo huido, anhelante por tener junto a Él a los que se alejaron.

Estamos afrontando los últimos días de esta Cuaresma, un Cuaresma particularmente intensa, con especiales oportunidades para el silencio y la reflexión. Aprovechemos esta situación para hacer intenso y profundo examen de conciencia, postrándonos ante el Señor siendo nosotros nuestros propios acusadores, diciendo con sinceridad a Dios: aquí estoy Señor, te he dado la espalda, he traicionado tu Amor, aquí estoy con mi pecado ¿tú que dices? Y sentir cómo Dios nos tiende la mano, como a la mujer adúltera, para, en cuanto podamos acudir a la confesión sacramental, poder  decirnos por medio del confesor: tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.


29 de marzo de 2020

Celebración de la Santa Misa en Valencina desde nuestra web 29 de marzo

Desde la Parroquia y ante la imposibilidad de poder celebrar juntos la eucaristía, hemos decidido hacerla en vídeo para que todos los vecinos y feligreses puedan escucharla juntos desde cada uno de sus hogares.

En esta ocasión podréis estar 5 minutos ante el Señor, y seguidamente la Santa Misa.

Gracias

Pasa seguir la misa haz click

Reflexión domingo 29 de marzo #Cuaresma #YoRezoEnCasa




En estos días de reclusión terminamos tantas veces temiendo escuchar las noticias. Se enciende el televisor y anuncian muerte, muerte en las portadas de los periódicos, muerte encabezando los noticiarios.

Y entre nosotros, mismos, tal vez contagiados de pesimismo, nuestras llamadas vienen marcadas por el miedo a la muerte física, la propia o la de un ser querido, la muerte que trae esta necesaria pérdida de nuestra libertad, la muerte que conlleva las previsibles consecuencias económicas que probablemente vengan.

En medio de este discurso, hoy Dios viene a hablarnos de Vida. De la vida actual que el Señor hace eterna por el misterio Pascual convirtiéndola en Vida. Hoy es Dios mismo quien nos pregona la Paz de Cristo, la paz interior que es imprescindible para la paz exterior, la Paz que trae a nuestros corazones sus palabras de Esperanza.

La paz que necesita el que ha perdido un ser querido sin poder cogerle la mano, sin ese necesario último adiós que sana las heridas; y hoy Dios le dice como a Marta: resucitará, porque yo soy la Resurrección y la Vida. El es quien les hará justicia y les devolverá la vida que la enfermedad les arrebató; Él abrirá los sepulcros, infundirá su Espíritu y volverá la vida.

La paz que necesitamos los confinados en este ecuador del período decretado por el Gobierno; y hoy Dios nos dice de saber que los que en estos días

Porque con Dios, la muerte dejó de tener la última palabra.

28 de marzo de 2020

Reflexión 28 de marzo #Cuaresma #YoRezoEnCasa




De Galilea no salen profetas. Es la expresión que usan los fariseos, para desautorizar a Jesús. Es fruto de los prejuicios y la soberbia. Porque pocas cosas nos alejan más de Dios que estas actitudes.

Los prejuicios nos impiden descubrir al otro más allá de la imagen preconcebida que de él nos hemos hecho. Nos impide acercarnos a la persona, pues sólo nos permite ver, desde lejos juzgando por lo exterior, por las circunstancias, por lo que dice la gente. Los prejuicios son una barrera que el prejuicioso pone a su alrededor pues a nadie lo hace digno sino en cuanto tiene algo en común con él enjuiciador.

"Que seamos capaces de afrontar la vida desde la humildad, que seamos capaces de mirar al mundo como semejante"

La soberbia es la actitud por la que nos podemos llegar a considerar superiores y más perfectos, despreciando y minusvalorando a todo lo que no soy yo. Hay soberbia racial, cultural, temporal, … nuestra raza es la más perfecta, nuestra cultura es la más avanzada, nuestra época es la mejor...; y hay también una soberbia espiritual o religiosa: Dios es como yo digo y los demás se equivocan, incluso Dios. Forma parte de los pecados capitales, de los pecados que dan origen a otros muchos y nos hace entrar en una dinámica en la que me alejo de Dios, pues nunca reconoceré cuales son realmente mis pecados.

Los prejuicios y la soberbia pueden ser parte de los causantes de la situación que estamos viviendo, pues nos creíamos el centro del mundo, sin nada que aprender de los demás; formábamos parte del occidente civilizado, de la Europa del bienestar, y el resto del planeta estaba en situación de inferioridad con respecto a nosotros.
Los prejuicios y la soberbia nos hicieron creer que podíamos construir una sociedad sin Dios y que la Iglesia no tenía nada que aportar ni ofrecer, pues el hombre europeo era la perfección.

Esta experiencia amarga que vivimos puede traernos algo positivo: que seamos capaces de afrontar la vida desde la humildad, que seamos capaces de mirar al mundo como semejante, que estemos dispuestos a descubrir en el otro a un prójimo, dejándonos sorprender por lo mucho que los demás pueden aportarnos.
Pero nos ha de servir para ser capaces de dejarnos trasformar por Dios, sintiéndonos inmensamente pequeños ante su eterna Misericordia, poniéndonos en sus manos, dejándonos acoger por Él

27 de marzo de 2020

Reflexiones viernes 27 de marzo #Cuaresma #YoRezoEnCasa






En los momentos difíciles, en las situaciones duras es cuando sale al descubierto la grandeza de la humanidad. La inmensa mayoría de los seres humanos han sabido hacer crecer esa semilla de bien que el Señor puso en nuestro corazón, pero hay una pequeña minoría, aunque ruidosa, en la que la bondad no es su cualidad destacable, personas que optan por el camino del egoísmo, del destierro de Dios porque no admiten mas dios que ellos mismos. Son los que popularmente definimos como malas personas. A estos, la bondad de su semejante hace que se quede al descubierto su mezquindad, aquellos capaces de aprovecharse del dolor del prójimo en su propio beneficio, o que buscan su provecho personal , aun a costa del bien común.

En la realidad actual que nos ha tocado vivir son muchas las iniciativas de creyentes anónimos y de instituciones eclesiales que están ayudando a poner al descubierto el corazón de la Iglesia.

Nuestra fuerza es el Señor y nuestra meta, hacer su voluntad.

Y en esta realidad, vociferan intensamente aquellos a los que las acciones de la Iglesia, la mayoría de ellas anónimas y silenciosas habitualmente, los desvelan con toda nitidez ese sórdido egoísmo que los caracterizan. Son los que rechazan abierta y obstinadamente a Dios porque Dios estorba en sus planes; y no nos referimos a los que no tienen fe, o a los de fe tibia, o a los que tienen una visión deformada de Dios, nos referimos a aquellos que han hecho una opción clara y libre contra Dios y la Iglesia. Aquellos que, desde el odio manifiesto, rechazan y atacan cada vez que se nombra a la Iglesia. Todos estos litigantes que, como en la época de Jesús, lo buscan para acabar con él, pues en la bondad y el altruismo de la Iglesia quedan al descubierto las verdaderas motivaciones, las auténticas opciones, la real escala de valores de todos ellos (“Acechemos al justo, que nos resulta incómodo” “es un reproche para nuestras ideas”) Persiguieron y difamaron a Jesús y lo mismo harán con nosotros cada vez que seamos fieles a nuestra razón de ser.

Pero los creyentes actuamos porque estamos convencidos del Amor Redentor de Dios, no para que hablen bien de nosotros, por amor al prójimo, no por proselitismo; porque nuestra fuerza no está en la opinión pública ni en el aplauso, nuestra meta no son unos likes en las redes sociales. Nuestra fuerza es el Señor y nuestra meta, hacer su voluntad. Y sin miedo a las consecuencias, porque sabemos que el Señor siempre está cerca de los atribulados.

26 de marzo de 2020

Reflexión jueves 26 de marzo #Cuaresma #YoRezoEnCasa




Hoy las lecturas nos pueden parecer duras, con poco margen a la esperanza. Nos podría parecer que nos habla de un Dios castigador, que sólo enfatiza nuestros pecados.
Como si Dios estuviera más propicio a la venganza que a la misericordia.
Y en estos momentos nos haría sentirnos las víctimas inocentes de un castigo celestial.
Pero sabemos que no es ese el rostro de Dios, de ese Dios que puso a su hijo como Salvador y redentor de la humanidad a costa de la entrega de su propia vida.
Quizás nos hemos formado una imagen de Dios por lo que conocemos de los hombres, con todas nuestras miserias elevadas a la categoría suprema, con todos nuestros defectos en grado sumo.

Y no nos hemos dedo cuenta que es al revés, que a Dios lo conocemos no por como deducimos que es mirando al hombre, sino que conocemos lo que es el hombre cuando miramos a Dios.

"Si queremos ver el rostro de Dios, miremos el rostro bondadoso de Jesús"

Cristo es el rostro visible de Dios y, a la vez, modelo perfecto de humanidad. Si queremos saber cómo es Dios, miremos cómo es el Hijo encarnado, si queremos ver el rostro de Dios, miremos el rostro bondadoso de Jesús, si queremos escuchar la voz de Dios, escuchemos a su Palabra que habitó entre nosotros.
Y si queremos saber lo que es el hombre, miremos a Dios, porque Dios vive dentro de nosotros.

Y una vez descubierto su rostro verdadero y escuchada su Palabra, trasformemos nuestro corazón según el corazón de Cristo y seamos para el mundo el rostro de la misericordia, el rostro del amor, el rostro de la paz. Y nuestras vidas y nuestra voz serán, para el mundo, signo y cauce del amor sin medida de Dios y eco de su palabra en el mundo.
Que María sea maestra y consuelo, la Estrella de la Mañana, la Madre de los Dolores, el Rocío del Cielo.

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